Thursday, November 1, 2012


“Me escondí en seguida. Ignoro si ella me vio; supongo que sí, porque en ningún momento pareció buscarme con la vista. Estoy seguro de que el hombre no reparó, hasta más tarde, en el jardincito. Ella simuló no verlo.” (La invención de Morel, pp. 123, Adolfo Bioy Casares)

Muchas veces las cosas que hacemos en la vida se pasan por alto. Nuestros hechos de caridad, afección, y amor son ignorados, olvidados y calculados mal. Sin estas emociones no podemos funcionar como debemos. Vemos esto con el fugitivo, él dice que “ya hace tiempo que no me ve…Creo que voy a matarla o enloquecer, si continúa.” El siente que se ha “vuelto invisible’’. Todos nosotros necesitamos una conexión como dice John Bowlby. Para el fugitivo es ella. La soledad es un símbolo de la muerte para el, y la vida su amor. Vemos esto cuando se hace un jardincito para ella y escribe “Ya no estoy muerto: estoy enamorado.” Toda la soledad, la esperanza, la angustia, de ese hombre me hizo pensar en un robot que también estaba muy solo. Se llama Wall-E. 


Vemos en este segmento su determinación de acercarse a alguien.  El necesita reír, llorar, y tener unos comportamientos con otro ser tal como el fugitivo. Es algo interesante también que Wall-E encuentre una planta,  no es un jardincito pero es algo parecido. Las plantas simbolizan crecimiento, algo que puede llegar a ser más grande o al revés que puede morir y terminar. En Walle-E vemos que Eva guarda y preserva la planta, y ellos llegan a ser felices y se enamoran. Por el otro lado dice que las flores del fugitivo, “de ida y de vuelta pisó mi pobre jardincito. Ignoro si conscientemente o con una inconsciencia irritante.” Vemos el contraste de estas dos historias y vemos que tan importante es el apego. 


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