“Me escondí en seguida. Ignoro si ella me
vio; supongo que sí, porque en ningún momento pareció buscarme con la vista. Estoy
seguro de que el hombre no reparó, hasta más tarde, en el jardincito. Ella
simuló no verlo.” (La invención de Morel, pp. 123, Adolfo Bioy Casares)
Muchas veces las cosas que hacemos en la
vida se pasan por alto. Nuestros hechos de caridad, afección, y amor son
ignorados, olvidados y calculados mal. Sin estas emociones no podemos funcionar
como debemos. Vemos esto con el fugitivo, él dice que “ya hace tiempo que no me
ve…Creo que voy a matarla o enloquecer, si continúa.” El siente que se ha “vuelto
invisible’’. Todos nosotros necesitamos una conexión como dice John Bowlby.
Para el fugitivo es ella. La soledad es un símbolo de la muerte para el, y la
vida su amor. Vemos esto cuando se hace un jardincito para ella y escribe “Ya
no estoy muerto: estoy enamorado.” Toda la soledad, la esperanza, la angustia,
de ese hombre me hizo pensar en un robot que también estaba muy solo. Se llama
Wall-E.
Vemos en este
segmento su determinación de acercarse a alguien. El necesita reír, llorar, y tener unos
comportamientos con otro ser tal como el fugitivo. Es algo interesante también que
Wall-E encuentre una planta, no es un
jardincito pero es algo parecido. Las plantas simbolizan crecimiento, algo que
puede llegar a ser más grande o al revés que puede morir y terminar. En Walle-E
vemos que Eva guarda y preserva la planta, y ellos llegan a ser felices y se enamoran.
Por el otro lado dice que las flores del fugitivo, “de ida y de vuelta pisó mi
pobre jardincito. Ignoro si conscientemente o con una inconsciencia irritante.”
Vemos el contraste de estas dos historias y vemos que tan importante es el
apego.
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